Talbot-Lago | De lo celestial a lo terrenal

En 1934 inicia sus actividades la Automobiles Talbot S.A de Suresnes, Francia, marca fundada por Anthony Lago y que en reiteradas ocasiones se le confundía con la Talbot británica. Talbot-Lago le dio vida a auténticas obras de arte, creaciones de alto nivel que con el correr de los años fueron reemplazadas por automóviles carentes de personalidad.

Por Leonardo Pacheco / Fotos Newspress 

Antonio Franco Lago, más conocido como Anthony Lago, era un ingeniero italiano residente en Francia y que en 1934 debió asumir la dirección de una fábrica de automóviles que no logró despertar el interés del grupo británico Rootes, unas instalaciones ubicadas en el municipio de Suresnes, en medio de la zona metropolitana de París.

En el citado recinto se construían los ejemplares de la marca Darracq, en los años veinte, claro que en ese momento el propietario de la fábrica era el grupo S.T.D en el que estaban insertas las marcas Sunbeam, Talbot y Darracq. De ahí viene la confusión, porque Talbot (sin apellido) es de origen británico, y cuando el grupo S.T.D entra en quiebra y Talbot queda en manos de Anthony Lago (1934), se inscribe una nueva razón social de nacionalidad francesa, Automobiles Talbot S.A, la que a poco andar se hizo conocida como Talbot-Lago.

Al ingeniero Lago no le faltaba talento mecánico, lo que demostró con hechos concretos al desarrollar un veloz ejemplar de Gran Premio equipado con un motor de seis cilindros en línea que cubicaba 4.5 litros y que era nutrido nada menos que por tres carburadores, de lo que se obtenían 240 CV; desde 1938 hasta 1949 este bólido demostró sus muchas cualidades en los circuitos europeos.

Anthony Lago también era un excelente administrador y un empresario bastante hábil, pero su debilidad era su desmedida pasión por el automovilismo y esa necesidad insaciable de ser el más veloz en las pistas, en realidad que sus automóviles lo fueran porque a él no le interesaba conducir sus creaciones… sino que verlas ganar.

Otro de sus anhelos, o más bien dicho de sus obsesiones, era que sus bólidos de competición debían lucir casi idénticos a los ejemplares que vendía para usarlos en las calles, para lo cual convocaba a los más connotados carroceros de la época. Y ahí está el resultado, porque modelos como el T26 Grand Sport Coupé de 1950 o el T150C SS de 1938 brindan un testimonio irrefutable de lo que resulta cuando se trabaja movido por la pasión; son ejemplares hermosos y veloces.

Durante la Segunda Guerra Mundial la fábrica cesó sus actividades, no se involucró en el esfuerzo bélico e incluso se mantuvo intacta, porque Anthony Lago aún tenía la nacionalidad italiana y eso protegió sus intereses mientras duró la ocupación de Francia; en 1947 Talbot-Lago volvió a poner bólidos en las pistas e incluso un equipo oficial de la marca tomó parte en las 24 Horas de Le Mans de 1950.

Los automóviles de producción eran lujosos, elegantes y potentes, un sueño motorizado sin lugar a dudas, pero el gran problema radicaba en que con suerte salían 100 unidades por año desde la fábrica, y eran tan costosos que venderlos no resultaba fácil. Para remediar la situación la marca ofreció un modelo de menor precio, el “Lago Baby”, ejemplar que tenía un pequeño motor de 120 CV, un intento fallido que no logró mejorar la salud económica de la compañía.

Adiós a la belleza

En medio de una profunda crisis llegó 1959, año en el que la Talbot-Lago aceptó la derrota y fue absorbida por la firma francesa Simca, acrónimo de Société Industrielle de Mecanique et de Carosserie Automobile. Un año antes la estadounidense Chrysler había adquirido parte de las acciones de Simca, llegando incluso a convertirse en casi propietaria de la casa francesa, hasta que los problemas económicos provocados por la crisis petrolera de principios de los setenta obligaron a que Chrysler se deshiciera de Simca y esta pasara a manos del creciente grupo PSA, encabezado por Peugeot.

Recodemos que Talbot-Lago formaba parte de esa corporación, a la que llamaremos Chrysler-Simca, así que Peugeot lo primero que hizo fue eliminar a esas dos marcas y diferenciar sus productos con un nuevo escudo, el de la firma Talbot. El 10 de julio de 1979 los contratos se sellaron y las estrategias se definieron, y así fue como desde la ex fábrica de Simca comenzaron a salir en los años venideros los modelos Samba, Horizon, Solara, Tagora, Ranch y Murena.

Si bien el grupo Peugeot fue responsable de darle una segunda oportunidad a Talbot-Lago, pero bajo la denominación Talbot sin apellido y luego de 20 años de inactividad, no podemos decir que respetó los preceptos básicos cultivados por su fundador, Anthony Lago, quien dicho sea de paso ya había fallecido. Los nuevos modelos Talbot eran simplones, asequibles y desprovistos de cualquier expresión de lujo… en su ADN no había ni una pizca de su glamoroso pasado.

La aventura duró un poco más de seis años, porque en 1986 los ejemplares Talbot comenzaron a desaparecer del catálogo y es más, la marca misma fue desmantelada para darle mayor protagonismo a Peugeot, que un año antes había estrenado el modelo 309, producto que se comercializaría como Talbot Arizona.

Así fue como el segundo aire de Talbot se agotó, dejando un agridulce recuerdo en quienes disfrutaron de sus primeras creaciones, ejemplares de concurso por los que hoy se pagan abultadas sumas de dinero.