Mercedes-Benz “Heckmotor” | El legado de Ferdinand Porsche

Comenzaban los años treinta y la firma alemana Daimler-Benz, denominación que utilizaba en ese entonces, decide explorar un segmento menos lujoso que le permitiera salir airosa de la recesión económica que afectaría a Europa por un largo tiempo. Surgieron así los ejemplares “Heckmotor”, con motor trasero, una saga de vehículos en cuya génesis se advierte la mano de Ferdinand Porsche.

Por Leonardo Pacheco / Fotos Archivo Mercedes-Benz 

Antes de que el calendario cambiara de folio, pasando de la década del veinte a la del treinta, Daimler-Benz solo comercializaba refinados automóviles bajo la marca Mercedes-Benz, lujosos hasta la médula e impresionantes desde todo punto de vista; entre ellos el Model K, el SSK y el 28/95 Tourer. Pero las buenas épocas no duran para siempre, y una fuerte recesión económica azotaría Europa, sobre todo a las naciones que de un modo directo estuvieron involucradas en la Primera Guerra Mundial.

Los proyectistas de la marca recibieron instrucciones muy claras, desarrollar uno o más modelos de bajo costo… para los estándares de Daimler-Benz por supuesto, una nueva generación de productos capaces de mantener los libros con cifras azules durante los duros años que se venían. Hans Nibel fue uno de esos ingenieros que acató la orden, aunque para cumplirla hurgó en los archivos de la compañía hasta hallar unos antiguos bocetos realizados por Ferdinand Porsche, en la época en la que el notable ingeniero alemán trabajaba para la Austro-Daimler.

Un proyecto nunca realizado por la marca sirvió de base para enfrentar la crisis, un innovador esquema técnico que proponía la creación de automóviles compactos y provistos de motor trasero, un bloque enfriado por aire, idea de Porsche que tiempo antes no fue bien recibida por la compañía pero que sí encontró partidarios algunos años después; la historia del Volkswagen Beetle comenzó a escribirse en ese momento.

Nibel tomó esos proyectos y rescató lo mejor de ellos, perfeccionándolos y adaptándolos a la realidad de la marca que los llevaría a cabo. El motor enfriado por aire fue reemplazado por un bloque refrigerado por agua, es decir con radiador, aunque por supuesto se conservó la ubicación trasera por delante del eje, mientras que la caja de velocidades –sin árbol de transmisión- iba en la cola del chasis; dicho sea de paso el soporte de los órganos mecánicos lo brindaba un tubo central reforzado con pequeños travesaños.

Una buena idea mal ejecutada

En el Salón de Berlín de 1934 debuta oficialmente el primer ejemplar de la familia “Heckmotor”, el W23, más conocido como 130H. La carrocería era pequeña para la época y también para lo que acostumbraba la marca, ya que se anunciaban 4.050 mm de largo y 2.500 mm de distancia entre ejes. El motor era de cuatro cilindros en línea con 1.308 cc de desplazamiento, una planta que entregaba 26 CV y que estaba unida a una transmisión mecánica de tres velocidades; alcanzaba 92 km/h.

El compartimiento de carga se ubicaba adelante, pero solo ofrecía el espacio suficiente para una maleta pequeña porque el estanque de combustible compartía ese mismo vano; se ubicó en ese sector para obtener una mejor repartición de peso. Y pese a los esfuerzos para convertirlo en un buen rutero el manejo del 130H fue duramente criticado, acusándolo de ser indócil cuando se llegaba a la máxima velocidad y, peor aún, de ser víctima de movimientos parásitos en la zaga.

Claro que los aportes técnicos del 130H eran muchos, como la suspensión independiente y los frenos hidráulicos en las cuatro ruedas, siendo posible además elegir entre una carrocería con techo duro o una equipada con lona removible, aunque conservando erguidos los marcos de ventanillas y los pilares. Eran un automóvil bastante singular, porque tenía dos puertas y no se realizaron mayores esfuerzos para ocultar las rejillas laterales por las que ingresaba aire fresco al radiador; esas branquias se veían desde lejos.

Una pareja extravagante

Paralelamente la marca alemana desarrolló un segundo motor para equipar a los ejemplares de la familia H, un bloque con las mismas bases utilizadas en el W23 pero que aumentaba su desplazamiento hasta los 1.498 cc y la potencia hasta los 55 CV; lo acompañaba la misma caja de tres velocidades.

Claro que Mercedes-Benz no iba a desperdiciar este nuevo impulsor en el mismo automóvil, por lo que creó una nueva variante, un biplaza deportivo desprovisto de techo, prácticamente un bólido de competición; se le denominó W30, pero su nombre comercial era 150H Roadster.

Para dar vida a este ejemplar, que entre sus peculiaridades estaba ese tercer faro delantero que lo hacía ver casi como un fenómeno, se tomó la plataforma de un W23 y se le agregaron 100 mm de largo. El resultado, arquitectónicamente hablando, no era malo sino que más bien extraño, debido a la presencia del neumático de repuesto amarrado en uno de los flancos y por esa puntiaguda zaga tipo “cola de bote” en cuya superficie se advertía una exagerada cantidad de rendijas de ventilación.

Pero la marca no se detuvo ahí, porque del Roadster surgió el Sport Saloon, una variante con techo duro cuya fisonomía concuerda demasiado con la que cuatro años más tarde luciría el Volkswagen Beetle. Del Roadster se fabricaron cinco unidades y seis del Saloon, una historia muy diferente en comparación con el 130H, del que se produjeron 4.298 unidades entre 1934 y 1936; los exóticos W30 solo estuvieron disponible en 1934.

Si bien en la actualidad el Mercedes-Benz 150H Roadster es considerado una costosa pieza de colección, una “rara avis” en el mundo de los automóviles de entreguerras, hay que decir que en su época no gozaba de una buena reputación debido a su pésimo manejo. El motor y la tracción trasera, además del escaso peso delantero lo hacían difícil de maniobrar en las curvas, y como su velocidad máxima llegaba hasta los 125 km/h la zaga se bamboleaba insistentemente por efecto del viento.

En resumen, la poca aceptación que tuvieron los modelos “económicos” de Mercedes-Benz y el estallido de la Segunda Guerra Mundial, cambiaron para siempre los planes de la compañía. Finalizado el conflicto bélico y una vez recuperada la economía europea, el fabricante alemán retomó su liderazgo en los segmentos más exclusivos del mercado.