Alfa Romeo Montreal | Víctima de la inexperiencia

De la pluma del diseñador italiano Marcello Gandini, también creador del Lamborghini Miura, surgió el Montreal. Es un ejemplar escaso, del que se fabricaron menos de 4.000 unidades, y su estreno se produjo en 1967 en el marco de una exposición que conmemoraba el centenario de la ciudad canadiense.

Por Leonardo Pacheco / Fotos Newspress 

Si bien al finalizar los años sesenta Alfa Romeo contaba con una interesante gama de automóviles cargados de ADN deportivo, ninguno de ellos estaba en condiciones de disputarle clientes a esos poderosos ejemplares ofrecidos por Ferrari, Lamborghini o Maserati. Claro que el enorme prestigio que ostentaba la firma lombarda le imponía ciertas obligaciones, entre ellas atreverse a conquistar un segmento mucho más exigente que los feudos donde reinaban desde hace tiempo los modelos Giulia, Giulietta y Spider.

Los miembros del cuerpo directivo de Alfa Romeo no estaban del todo convencidos de lanzarse a una aventura tan apartada de la zona de confort dentro de la que se movía la marca, y menos aún de azotar el guante contra el rostro de nombres tan temibles como Ferrari. Al final de cuentas la casa del “Biscione” se atrevió a dar el gran salto, para lo cual le echó mano a sus exitosas experiencias en el automovilismo deportivo y recurriendo además a un diseñador consagrado, alguien habituado a las exigencias que impone el segmento de los coupé Gran Turismo.

ALFA ES LA ABREVIACIÓN DE ANONIMA LOMBARDA FABBRICA AUTOMOBILI, Y ROMEO SE REFIERE AL FUNDADOR DE LA COMPAÑÍA, NICOLA ROMEO. ACTUALMENTE LA MARCA PERTENECE AL GRUPO FCA, ESTANDO ENTRE SUS CREACIONES MÁS RECORDADAS EL MONOPLAZA P2 DE 1924 Y EL FUTURISTA 1900 C 52 DISCO VOLANTE SPIDER DE 1952.

Fue así como se unió al proyecto Marcello Gandini, aunque igual dependiendo del estudio Bertone. En poco tiempo el joven diseñador presentó dos propuestas para ese aún no bautizado Alfa Romeo, prototipos cuyas diferencias eran mínimas y en las que se montó un pequeño motor de cuatro cilindros (1.6 litro), recurso que por supuesto no concordaba con los objetivos que perseguiría el futuro modelo; la idea de usar ese bloque fue rápidamente descartada.

El nuevo Gran Turismo italiano se dejó ver por primera vez en la Expo Montreal de 1967, usando un código numérico en lugar de un nombre que le hiciera justicia. Pero considerando que el evento canadiense se llevó a cabo para celebrar un siglo desde la fundación de Montreal, en una votación pública ganó por amplio margen ese apelativo… y así fue como la historia del Alfa Romeo Montreal comenzó a escribirse.

Belleza incomprendida

Después de la develación el Montreal adoptó su diseño definitivo, fisonomía en la que se conservaron esas branquias que decoraban los pilares C y los ópticos frontales medianamente ocultos detrás de unas rejillas. Mostraba la silueta típica de un Gran Turismo de finales de los sesenta, como la de un Maserati Ghibli o un Ferrari 275 GTB, arquitectura que se caracterizaba por la extensa proa, la zaga corta y la escasa elevación de la carrocería.

Alfa Romeo decidió darle el vamos oficial al Montreal, en su fase de producción “masiva”, en el Salón de Ginebra de 1970. Claro que el humilde motor de cuatro cilindros que portaban las unidades prototipo fue extraído de cuajo para darle cabida a una planta motriz tomada del 33 Stradale, un V8 de 2.593 cc del que se desprendía una potencia máxima de 200 CV, un erogue digno para un GT y que lo impulsaba a casi 220 km/h; se optó por una transmisión manual de cinco velocidades, un conjunto firmado por el especialista alemán ZF.

La estructura básica del Montreal era la del Giulia GTV, componente que le entregaba un sólida andar en las curvas, aunque según los reportajes de algunas revistas especializadas de la época su aplomo no estaba libre de cuestionamientos. También fue reprochado el cambio de carburador a inyección, en las unidades de 1972 en adelante, porque los expertos no tuvieron reservas para enrostrarle su notoria pérdida de deportividad.

Alfa Romeo no tenía grandes planes comerciales para el Montreal, solo competir con un representante digno en el segmento de los coupé Gran Turismo, un 2+2 en este caso. Un duro golpe a su orgullo fueron las críticas de los tester europeos, luego vino el asunto de no estar apto para el mercado estadounidense (ni canadiense) por culpa de sus altas emisiones y, para terminar de destruir su reputación, la confiabilidad fue puesta en tela de juicio debido a sus reiteradas fallas.

Esta historia concluye en 1977, año en el que Alfa Romeo decide sacar al Montreal de su catálogo dejando un total de 3.925 unidades producidas, cifra que algunos historiados reducen a 3.917. Como haya sido, el constructor italiano se animó a explorar un territorio en el que no tenía experiencia, y si en su momento el Montreal no recibió un trato justo en la actualidad es uno de los ejemplares más anhelados por los coleccionistas; en las subastas su precio puede elevarse considerablemente.